Me acosté muy tranquilo
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«Anoche, al retirarme a casa, recibí una carta muy cariñosa de un amigo, razonándome la negativa de un préstamo, que le pedí para cubrir esta necesidad. Volví a la calle para ventilarme un poco. Desde luego, sin ninguna trepidación interior. Por el contrario, diciendo con la boca y con el corazón: **hágase, cúmplase… **Jesús me cerraba, al parecer, las puertas de los hombres. Por la noche, hice mi oración, algo adormilado al final. Me acosté muy tranquilo».
Es al día siguiente cuando san Josemaría encuentra unas palabras de consuelo que le llenan de gozo en medio de la pobreza que padece.
«En la iglesia de los capuchinos de Medinaceli, el Señor me ha inundado de gracias». Se cumplió lo del salmo: «inebriabuntur ab ubertate domus tuae: et torrente voluptatis tuae potabis eos (los embriagarás con la abundancia de tu casa, les darás a beber del torrente de tus delicias). Lleno de gozo con la voluntad de Dios, siento que le he dicho con san Pedro: he dejado todas las cosas y te he seguido. Y mi corazón se dio cuenta del recibiréis el ciento por uno».
Dios no se deja ganar en generosidad, y concede el gozo y la paz al pobre que acude a Él. Este salmo continúa así: porque en Ti está la fuente de la vida, en tu luz vemos la luz.
Fuente: Edición Crítica de Camino, punto 770.