Las tristezas no se hicieron para las bestias
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Señor, las tristezas no se hicieron para las bestias, sino para los hombres, pero, si los hombres las sienten demasiado, se vuelven bestias; vuestra merced se reporte, y vuelva en sí, y coja las riendas de Rocinante, y avive y despierte, y muéstrese como los caballeros andantes. ¿Qué diablos es esto? ¿Qué decaimiento es este? ¿Estamos aquí o en Francia?
Estas son las razones de Sancho; desde su sabiduría increpa a don Quijote, que cabalga ensimismado porque los encantadores han convertido a Dulcinea en una aldeana.